Un niño se acaba de parar frente al litoral, decidido a mirar el sol. Ha cicatrizado la mordedura de gato que lleva en su brazo pues estuvo varios días tomando antibiótico. A penas le queda algo de fiebre. Parado en el litoral, ya no logra escuchar el cortocircuito del letrero fluorescente, que ha estado encendido toda la noche frente a su casa. Inhala ahora algo de aire fresco. El olor a salitre, inevitablemente, le causa alegría. Porque le hace acordar aquel día de pesca junto a su hermana.
El viento arrastraba la lata de carnada. También revolcaba el vestido y la cabellera de la hermana. Ella pisaba las algas que había recolectado. Las enterraba con los pies en la arena. El nylon de la caña tiró fuerte y ambos pensaron lo mismo: la cuerda reventaría en cualquier momento.
Se acercaron más a la orilla. El agua era espuma de mentol. Subieron por las rocas. Había lama, erizos, y varias jeringuillas entre las piedras. Las olas no paraban de reventarse contra el arrecife. La cuerda de nylon ya no resistiría mucho más. Aquella mañana tenía el humor y la densidad de una acuarela.
La hermana comenzó a rodar la perilla para enredar el nylon. El niño agarró el arpón mirando las piedras que estaban bajo el agua. Ambos vieron la mancha moverse entre las rocas. Cuando por fin lograron ver algunas gotas chapoteando en la superficie del agua, el niño clavo el arpón sobre el animal. Ambos cayeron sentados sobre las rocas. Respiraban ahogados.
En aquel momento, el triunfo fue una mancha de tinta, creciendo sobre el agua. El vaivén de la marea.
El resto de aquel día, los niños se dedicaron a jugar con la jeringas.
Llegar ahora hasta el litoral era menos complicado, pues estos tiempos ya han cambiado, aunque nada resulte excesivamente extraño. Han quedado abandonadas todas las farmacéuticas del litoral. La población de calamares ha aumentado y resulta evidente la erosión sobre las piedras.
Al niño le sube la fiebre debido a la decisión que acaba de tomar. Él lo sabe. También sabe que el paisaje del litoral puede ser muy tentador, por lo tanto es mejor que ejecute, ya de una vez, su cometido.
Alza la cabeza y mira fijo el sol. Es mucha la luz, muy intensa la claridad, pero no puede ver nada. Piensa que eso es debido a la falta de costumbre. Se ríe.
El niño se desmaya sobre las rocas del litoral, se ha descontrolado su fiebre. Se le acabaron todos los medicamentos.


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